El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas somete hoy a votación un proyecto norteamericano que, de aprobarse, desplegaría una Fuerza Internacional de Estabilización en Gaza hasta al menos 2027. Pero el texto va mucho más allá de una misión de seguridad: establece una arquitectura política transitoria profundamente disputada, considerada por muchos diplomáticos y analistas palestinos como una forma de administración colonial de nuevo cuño.
El borrador estadounidense propone crear un “Board of Peace” (BoP), un organismo con personalidad jurídica internacional y amplios poderes ejecutivos sobre Gaza. Este consejo transitorio sería responsable de supervisar la administración civil, coordinar la reconstrucción, reformar las instituciones locales y acompañar la formación de un comité tecnocrático palestino “apolítico”. Hasta que dicho comité y la Autoridad Palestina no “completen satisfactoriamente” un programa de reformas aprobado por EE. UU., el BoP de Donald Trump acompañado por figuras como Tony Blair, administrarían gran parte de la vida civil y política de Gaza.
El plan original de Trump
El borrador retoma conceptos centrales del plan que la Casa Blanca del expresidente Trump impulsó en 2020 y 2025. La idea de una “posible vía hacia un Estado palestino” no proviene de un reconocimiento genuino de la autodeterminación palestina, sino de una redacción estratégica destinada a legitimar un proceso condicionado. El propio plan fue elaborado en estrecha coordinación con Israel y respaldado públicamente por Benjamin Netanyahu, quien después declaró que un Estado palestino era “impensable” en cualquier circunstancia.
Para muchos palestinos, no hay duda: Washington no tiene intención de conceder un Estado palestino real. La fórmula incluida en el borrador es, en el mejor de los casos, una promesa aparente; en el peor, una cobertura diplomática para legitimar un modelo de control externo.
Rusia, China y países árabes rechazan el “Board of Peace”
En los días previos a la votación, Rusia y China, ambas con poder de veto, pidieron eliminar completamente el BoP del borrador. Consideran que este organismo crea una estructura paralela que sustituye al Consejo de Seguridad y margina a la Autoridad Palestina. Según diplomáticos informados de las negociaciones, Moscú y Pekín proponen reducir la resolución a lo estrictamente necesario: autorizar el despliegue de una fuerza internacional que responda directamente al Consejo de Seguridad, sin estructuras políticas diseñadas por un Estado miembro.
Sus objeciones están respaldadas por varios países árabes, que cuestionan tanto el carácter del BoP como la ausencia de un papel transicional claro para la Autoridad Palestina. También critican el lenguaje débil sobre la futura retirada israelí: el borrador actual deja los plazos y condiciones en manos de Israel, que podría retener tropas en Gaza durante años bajo el pretexto de “prevenir amenazas”.
Una fuerza internacional con amplio mandato
El plan norteamericano contempla el despliegue de la Fuerza Internacional de Estabilización (ISF), bajo un mando unificado aceptado por el BoP. Esta fuerza cooperaría estrechamente con Israel y Egipto, y tendría autoridad para utilizar “todas las medidas necesarias” para cumplir su mandato: proteger civiles, coordinar asistencia humanitaria, supervisar fronteras, desmantelar infraestructura militar de grupos armados y apoyar el entrenamiento de nuevas fuerzas policiales palestinas previamente filtradas por Estados Unidos.
En la práctica, la ISF se convertiría en el actor de seguridad dominante en Gaza hasta que se declare cumplido un proceso de “desmilitarización plena”, cuyos estándares y plazos serían definidos conjuntamente por el ejército israelí, Estados Unidos, los garantes y la propia ISF.
¿Un futuro incierto para Gaza?
Para la opinión pública palestina, la votación de hoy no solo es un examen del futuro inmediato de Gaza, sino del sentido profundo de su soberanía. El borrador, tal como está, amenaza con establecer una administración extranjera que decidirá qué palestinos son “aceptables” para gobernar, qué reformas deben implementar y cuándo, o si, Israel se retirará completamente.
Más aún, varios analistas en Ramala y Gaza advierten que el enfoque estadounidense revive la lógica de “primero la seguridad, luego la autodeterminación”, una fórmula que históricamente ha servido para aplazar indefinidamente cualquier horizonte político real para Palestina.
La sesión del Consejo de Seguridad se abre hoy en un clima de fricción diplomática, con un proyecto que divide profundamente a las potencias mundiales y a los actores regionales. Mientras Estados Unidos insiste en la creación de un aparato de gobernanza transitorio bajo su diseño, Rusia, China y varios países árabes reclaman una intervención estrictamente internacional y bajo control del Consejo, sin estructuras coloniales ni tutelas camufladas.
En Gaza, el debate se vive con una mezcla de incertidumbre y desconfianza. Para algunos, una fuerza internacional podría traer alivio humanitario; para muchos otros, la propuesta norteamericana es una amenaza directa a la autodeterminación palestina, disfrazada de plan de paz.




