El Gabinete de Seguridad de Israel aprobó recientemente un plan para que el ejército asuma el control militar de la Franja de Gaza, con la intención de establecer un perímetro de seguridad que eventualmente sería entregado a una fuerza civil árabe. Según el primer ministro Benjamin Netanyahu, el objetivo principal no es una anexión permanente, sino ejercer presión sobre Hamás para la liberación de rehenes y una eventual transferencia del control del territorio.
Este plan contempla la relocalización forzada de cientos de miles de civiles, por lo que la comunidad internacional ha reaccionado con preocupación y rechazo. El presidente francés, Emmanuel Macron, calificó la iniciativa como “un desastre sin precedentes” y abogó por una coalición internacional bajo la ONU que promueva un alto al fuego y estabilice Gaza sin recurrir a operaciones militares. Además, ministros de Exteriores de 25 países solicitaron un “flujo masivo de ayuda humanitaria” para evitar una hambruna y el colapso del sistema sanitario en Gaza, describiendo la situación como catastrófica e incluso genocida.
El plan israelí contempla una ampliación militar hacia zonas densamente pobladas aún bajo control de Hamás, incluyendo los campamentos de Nuseirat y Bureij. Aunque se prometen “zonas seguras” para civiles, muchas de estas áreas ya han sido bombardeadas o se encuentran en condiciones críticas, lo que incrementa el temor entre la población local.
Por su parte, el Consejo de Seguridad de la ONU celebró una reunión de urgencia para abordar esta medida, alertando que la ocupación no resolverá el conflicto y podría intensificar el sufrimiento de la población palestina. Miroslav Jenca, secretario general adjunto de la ONU, advirtió que la implementación del plan probablemente desencadenará “otra calamidad en Gaza, con desplazamientos forzados, asesinatos y destrucción”.
Los habitantes de Gaza, que llevan años soportando bloqueos, bombardeos y escasez, se muestran conmocionados y desesperados ante la posibilidad de un nuevo desplazamiento en medio de una crisis humanitaria profunda. Muchos culpan tanto a Israel como a Hamás de sacrificar a la población civil en una batalla que parece no tener fin.




