Israel dio este miércoles un paso polémico hacia la anexión formal de Cisjordania ocupada, al aprobar por un estrecho margen (25 votos a favor y 24 en contra) un proyecto de ley que extendería la legislación civil israelí a territorios reconocidos internacionalmente como palestinos.
La iniciativa, presentada por el diputado ultraderechista Avi Maoz, del partido Noam, constituye la primera de cuatro votaciones necesarias para su aprobación definitiva y llega en medio de un frágil alto el fuego en Gaza. Paralelamente, la Knéset dio luz verde, por 31 votos a 9, a otro proyecto que busca incorporar el asentamiento de Ma’ale Adumim, donde residen unos 40.000 colonos israelíes, con el respaldo incluso de parte de la oposición.
El primer ministro Benjamín Netanyahu y su partido Likud boicotearon la sesión parlamentaria, mientras figuras de la extrema derecha como Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich celebraron el avance como un “acto de soberanía histórica”. Sin embargo, Netanyahu ordenó suspender temporalmente el proceso al día siguiente, calificando la medida de “provocación deliberada” durante la visita del vicepresidente estadounidense J.D. Vance. Los proyectos pasarán ahora al Comité de Asuntos Exteriores y Defensa, en medio de crecientes advertencias sobre una posible crisis diplomática.
Desde Ramala, la Autoridad Palestina rechazó la decisión, calificándola de “nula y sin efecto”, y reiteró que Cisjordania, Jerusalén Este y Gaza son “territorios indivisibles bajo soberanía palestina”. El movimiento Hamas describió la iniciativa como el “rostro colonial de la ocupación”, mientras el asesor presidencial Hussein al-Sheikh alertó sobre una “escalada peligrosa” que sepulta la posibilidad de una solución de dos Estados. En las calles de Ramala, cientos de manifestantes protestaron contra lo que consideran un intento de “borrar la identidad palestina” de su tierra.
La respuesta internacional fue inmediata. Desde Washington, el vicepresidente Vance calificó la votación de “insulto” y “maniobra política estúpida”, mientras el secretario de Estado Marco Rubio advirtió que una anexión violaría el plan de paz impulsado por Donald Trump y enfrentaría un veto estadounidense. El propio Trump había anticipado que cualquier intento de anexión haría que Israel “perdiera el apoyo de Estados Unidos”.
En el mundo árabe, Arabia Saudita encabezó una declaración conjunta de una docena de países, entre ellos Egipto, Jordania, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Turquía, que denunciaron una “flagrante violación del derecho internacional” y exigieron el fin de la “peligrosa escalada”. La ONU y la Unión Europea se sumaron a las críticas: el secretario general António Guterres instó a Israel a revertir la medida “tan pronto como sea posible”, mientras Bruselas calificó la iniciativa de “provocación que fragmenta aún más el territorio palestino”.
Con más de 700.000 colonos viviendo en asentamientos ilegales que cubren buena parte de Cisjordania, y un aumento del 13 % en los ataques contra palestinos en lo que va del año, la comunidad internacional teme que Israel esté consolidando un control irreversible sobre los territorios ocupados. La pausa anunciada por Netanyahu podría ser solo temporal; sobre el terreno, la tensión crece y el horizonte de paz se aleja.




